Ana Nogales, Ph.D.
"Para Todos Magazine"
“Extrañaba a mi hermana. Ella se vino a los Estados Unidos con la idea de trabajar y ayudar a la familia. Siempre la admiré por su decisión y opté por hacer lo mismo. Cuando vi al hombre que le ofreció trabajo, yo también le pedí que me trajera. Para ese entonces, yo tenía 13 años y mucho miedo, pero quise seguir los pasos de mi hermana. No me fue fácil irme porque no quería alejarme de mamá, pero ya lo había decidido. Todo me lo facilitaron. Cuando llegué a este lado de la frontera, aquel hombre que en algún momento pensé que era mi Salvador, me violó y me dijo que, de ahora en adelante, ésta iba a ser mi vida. Trabajé de masajista, pero detrás de la sala de masajes estaba la privada, donde debía cumplir con los deseos del cliente. Las muchachas más bonitas podían elegir los clientes, pero las más feas como yo teníamos que aceptar lo que viniera. Debía quedarme allí hasta poder pagar mi deuda por los gastos de mi transportación desde México. Pero la deuda subía cada día en lugar de disminuir”.
Esto no es una película, ¡es un caso real! Usted, que creía que la esclavitud había sido abolida a fines del siglo XIX, estaba equivocado. ¡Hoy hay más esclavos que nunca! Aproximadamente 27 millones de personas viven en esclavitud en el año 2007.
Aproximadamente 900,000 personas por año son traficadas a nivel internacional, la mayoría, mujeres y niños. Un tercio de ellos son menores de edad. Aproximadamente 50,000 personas entran por año a los Estados Unidos para realizar trabajos forzados o convertirse en esclavos sexuales. Y la mayoría, menores de edad, de los cuales 10,000 provienen de Latinoamérica.
La esclavitud sexual es más popular hoy que nunca y, junto con el comercio ilegal de armas, es la segunda industria criminal en el mundo (el tráfico de drogas es la primera), produciendo aproximadamente 7 billones de dólares anuales. Se trata de crimen organizado y se ha convertido en una empresa internacional sin fronteras, ya que las víctimas son traficadas a través del orbe, y está íntimamente vinculado con el fraude de documentos, el lavado de dinero, el comercio de drogas y el contrabando migratorio.
Los países latinoamericanos ofrecen menos control y son más conducentes al crimen en estos momentos. Unos 40 millones de niños son prostituidos en Latinoamérica. Muchos de ellos son niños de la calle que han sido abandonados o vendidos por sus padres, o niños que han preferido escapar la violencia y al abuso sexual en el hogar. Sin embargo, terminan prostituyéndose para pagar por un lugar donde pasar la noche, para comer, vestirse o consumir drogas.
Latinoamérica es un blanco fácil para el tráfico humano, ya que debido a la pobreza, muchos se tientan y no dejan desperdiciar la oportunidad de quienes les ofrecen visas de trabajo y empleo como bailarinas, en servicio doméstico, fábricas, en restaurantes con propinas importantes o como masajistas.
México y Guatemala juegan un papel destacado en este tipo de crimen organizado, ya que proveen y reciben víctimas provenientes mayormente de Centroamérica y es lugar de paso para distribuirlas a otros países. Muchos de los niños se retienen en México para el turismo sexual, principalmente en las localidades fronterizas con los Estados Unidos o en zonas turísticas tales como Cancún y Acapulco.
Brasil (principalmente en el norte del país) es el segundo proveedor de mujeres para la prostitución en Europa. Le sigue la República Dominicana, donde las mujeres son vendidas a los países nórdicos, España, Italia y Austria. Por otro lado, las colombianas son destinadas también a los países nórdicos, España y Hong Kong.
Algunos países como Argentina también han ofrecido turismo sexual en regiones tales como Bariloche. Argentina ha recibido con promesas falsas de trabajo, a aproximadamente 4,500 mujeres de la República Dominicana -en un período de dos o tres años- y a cientos de mujeres del Paraguay. Mientras que los prostíbulos se prohibieron en la Argentina en el año 1936, la corrupción cierra sus ojos a su existencia clandestina. Costa Rica, con una gran afluencia de turismo americano, tiene aproximadamente 5,000 niños en el mercado de la prostitución.
Estados Unidos no se queda atrás: entre 100,000 y 400,000 niños son explotados sexualmente. Uno de cada tres menores de los 450,000 que se escapan de sus hogares terminan prostituyéndose en 48 horas, a una edad promedio de 12 años.
Muchas personas se preguntan cómo es posible que estas mujeres sean engañadas tan fácilmente. Los traficantes las seducen con palabras bonitas y les hacen creer que la vida será mucho mas fácil una vez que lleguen a destino. Por ello, las víctimas pueden consentir el ofrecimiento sin saber que la realidad es otra. Vienen dispuestas a trabajar y escapan de la miseria. Pero jamás pensaron que se convertirían en esclavas sexuales.
La mayoría, en su desesperación, solicitaron trabajo ofrecido en los periódicos, radio o en Internet, que prometen buenos empleos en Estados Unidos o en Europa. Asíi llegan con la esperanza de trabajar en un restaurante lujoso y ganar muy buenas propinas. Las candidatas hacen su cálculo y les resulta muy optimista trabajar y pagar la deuda que contraen para obtener su visa, los gastos del viaje y los básicos, según datos que proveen los traficantes. Ellos las convencen con ilusiones y promesas falsas, mientras se relacionan con la familia, que los aceptan con gratitud.
Algunas de las víctimas vienen con la esperanza de encontrar a su prometido, a quien han conocido a través de Internet, revistas, periódicos o catálogos, o que ha sido presentado por algún conocido que ya vive en el país de destino. Pero la realidad es que, cuando llegan al final de su viaje, ni esos trabajos existen ni tampoco dichos novios. Ellas son vendidas y despojadas de su identidad. A cambio, son forzadas a trabajar en prostíbulos para pagar supuestamente los gastos que contrajeron. Pero esas deudas continúan escalando con el diario vivir con multas e intereses que se acumulan y jamás se acaban.
El traficante recluta a las víctimas, las transporta y a veces las transfiere a otras personas para su explotación. Todo ello bajo amenazas, violencia y forzadas a consumir drogas. A veces usan otras formas de engaño, ya sea con fraude, intimidación y abuso de poder. En algunas ocasiones, las víctimas son usadas como forma de pago, como por ejemplo la entrega de una mujer o un niño como forma de pago de una deuda de dinero. La mayoría de las víctimas son menores de edad, no tienen autorización de salir del prostíbulo y trabajan 15 horas al día o más, y atienden entren 10 y 34 hombres diariamente, sin protección sexual, exponiéndose a enfermedades de contagio sexual (tanto como a sus clientes) y a embarazos que terminan en abortos forzados.
Muchas de estas mujeres o niños son trasladados bajo vigilancia estricta de un prostíbulo a otro cada 15 días bajo la influencia de drogas, asegurando así su esclavitud. A veces no saben ni en qué ciudad están.
Temerosas por no ser legales en el país, son además amenazadas con la vida de sus familias en sus países de origen. Viven en cautiverio, torturadas, violadas y asaltadas brutalmente. Salir de la trampa es muy difícil o casi imposible, por las amenazas y por la vergüenza de la prostitución, de la cual se hacen responsables. Tienen miedo de las autoridades locales porque piensan que las acusarán del ejercicio ilegal de la prostitución y no tienen la menor idea de a quien recurrir. Al poco tiempo, aprenden a vivir dependiendo emocionalmente de sus explotadores, quienes a cambio les prometen amor, protección, dinero y seguridad. Ellos son lo único que tienen y se aferran a su destino. Para entonces, su autoestima ya no vale nada y viven cada día despojadas de su alma y de su dignidad. Nada les queda, ni nada tienen por qué luchar.
En los últimos años, el Gobierno de los Estados Unidos ha hecho avances legislativos significativos al diferenciar prostitución de tráfico humano, permitiendo sentenciar a los traficantes en lugar de encarcelar a las víctimas como prostitutas. En Nevada se han procesado 181 casos de menores en el ejercicio de la prostitución, permitiendo ser reconocidos como víctimas de tráfico humano, ofreciéndoles servicios para su recuperación. Muchos países de Latinoamérica están en el mismo proceso, pero la corrupción interfiere la acción legal.
Si usted sospecha de alguna persona que esté viviendo este infierno, hágale saber que las autoridades la protegen. Las víctimas pueden recibir beneficios por un año, tales como albergue, comida y vestimenta, ayuda económica, entrenamiento para un trabajo, asistencia médica, psicológica y legal, y posiblemente hasta califique para la visa T de inmigración. Además, en un par de años también podrán traer a sus hijos y a su familia con la visa T3. Esta es la línea abierta para llamar, que no corresponde a la policía, sino a agentes especializados en tráfico humano o trata de blancas:
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